Aline permanecía sentada en el suelo, recargada a la puerta de la cabina de baño. Su corazón palpitaba con fuerza, temiendo que ese hombre fuera a despertar.
—Por favor que Arnulfo me encuentre —susurró orando—, no me dejes a manos de estos miserables —dijo sabiendo que si lograba salir del lugar, lo más seguro es que esos hombres terminarían con su vida.
Conforme transcurría el tiempo, la noche cayó, entonces comenzó a escuchar voces del exterior. Tembló al pensar que alguno de esos sujetos,