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Los hicieron esperar en el lobby hasta que apareció uno de los guardaespaldas de los músicos a recibirlos, en bermudas pero a cara de perro. Los saludó con cortesía casi forzada y les indicó que lo siguieran al ascensor. Ragolini se fijó que iban al último piso. El solárium y el spa. Iba a hacer un comentario, pero Mariano estaba viendo algo en su teléfono y el americano les daba la espalda. El ascensor se detuvo a mitad de camino y subió un chico de unos trece años tamaño ropero, con una acú

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