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Era una de las escenas más cotidianas en lo que iba del año, sólo que desde abril se habían invertido nuestros horarios, y eras vos quien se quedaba levantado después de cenar para charlar durante mi tarde, como antes hacía yo cuando estabas en Hawai o San Francisco.

Ahora estabas en Inglaterra, donde eran las diez de la noche a fines de una primavera lluviosa, mientras acá eran las seis de la tarde a fines de un otoño seco y vent

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