Stu se había acodado en su rodilla, el mentón apoyado en su mano, una sonrisa vaga a la sombra de sus bigotes. Por momentos parecía mentira que la comunicación entre ellos aún resultara tan fluida. Pero las evasivas de C al hablar de la banda y la incomodidad que se apresurara a ocultar por su halago eran recordatorios del tiempo transcurrido entre ellos. Por si no le bastaba el simple hecho de que ella estaba a diez mil kilómetros de sus brazos.
—Eres tan gentil, nena —terció—. Tienes un coraz