Sentada sobre las rodillas de Stu, C escribió algo y se lo mostró. La tormenta se agotaba afuera, y por algún milagro, el teléfono de C era capaz de detectar una pizca de internet, lo suficiente para utilizar el traductor. Rió al verlo entornar los párpados, tratando de leer lo que había en pantalla sin sus lentes.
Stu precisó leer la traducción dos veces y luego reordenarla en su cabeza casi palabra por palabra para encontrarle sentido.
—Deberíamos aprender a pasarla tan bien sin hierba —murmu