Mundo ficciónIniciar sesiónToda su mano se movía para acariciarla, guiándola contra sus caderas y su ingle, que tironeaba en los jeans, reclamando más atención. Pero se contuvo. No, aún no, quería disfrutarla así un poco más. Para alejar la tentación al menos un par de centímetros, la mano en su entrepierna se movió con delicadeza, haciéndola girar hasta quedar de perfil. Y su otra mano dejó el pecho de C para sujetarle apenas el mentón y llevarla a volver a enfrentar el espejo. La hizo apoyar ambas manos juntas en el







