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Se despertó pasadas las nueve con la idea clara en su cabeza: irse con C al mar. Apenas se movió, el brazo en torno a su cintura se apretó por un instante. Sonrió al sentir a C pegada a su espalda, la tibieza intermitente de su aliento acariciándole el hombro. Logró levantarse sin despertarla y cruzó sin ruido la habitación hacia el baño.

Mientras se duchaba, se le ocurrió que Ray sabría ayudarlo a encontrar en internet lo que quería: una casita junto al mar en alguna playa solitaria p

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