Después de lo sucedido decidí ir a ver a los pequeños. Salí de mi habitación con paso decidido, pero la señora Driscoll me estaba esperando en el pasillo, sus manos entrelazadas sobre su delantal impecable. Su expresión era neutral, pero sus ojos me escudriñaban.
—Señorita Celia —dijo, con su voz suave y fría—. Ahora que va a quedarse de forma más... permanente, es preciso que conozca al resto del personal. Creo que pensaba que yo era la única.
—La verdad es que sí —admití, confundida.
—Después