—Voy a buscar la comida —dijo Rubí, levantándose con naturalidad.
Marcus la siguió con la mirada mientras se alejaba. Sus ojos no se apartaban de ella ni por un instante, como si su sombra se hubiera unido a la suya. Esa noche... ya no había dudas. Era ella. La mujer que había estado buscando todo este tiempo. El destino, por fin, le devolvía lo que le pertenecía.
Gracias a Dios... es ella.
Por primera vez en mucho tiempo, Marcus sintió que algo dentro de él se asentaba. Esa mujer, que una vez