Rubí arrugó el entrecejo.
—¿Y entonces qué hago?
—¿Quieres que te prepare avena para calmarlo? —sugirió Marcus.
Ella negó de inmediato. La idea de comer avena le resultaba insoportable.
—No… quiero helado.
—¿Helado? —Marcus se quedó paralizado, incrédulo—. El médico dijo que evitaras alimentos crudos y fríos.
Rubí hizo un puchero y le rogó con voz suave:
—Pero mi mamá siempre dice que, si una embarazada no come lo que se le antoja, el bebé puede nacer con los ojos de distinto tamaño. Solo un po