Marcus contuvo la risa. La escena era absurda: una mujer hecha y derecha, actuando como una niña malcriada. Pero, lejos de parecerle molesto, la encontraba terriblemente adorable.
Sonrió con ternura, intentando no soltar una carcajada.
—Está bien, lo admito, no volveré a quitártelo. Pero ven y bebe esto. Le pedí a Gavin que lo trajera especialmente para calentar tu estómago después del helado.
Rubí parpadeó, sorprendida, y giró la cabeza. Marcus estaba de pie junto a la cama, con una taza blanc