—Antes no era así. Pero… ¿alguna vez te has preguntado por qué cambié? —preguntó Rubí con una risa cargada de frialdad.
Eva se quedó paralizada, sin palabras. No podía contradecirla.
Rubí soltó una breve carcajada irónica. Alzó la mirada, clavando sus ojos en los de Eva. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro mientras decía con voz contenida:
—Mamá, si te dijera que fue ella quien me golpeó primero y que yo solo me defendí… ¿me creerías?
Eva, inteligente como era, no tardó en captar la burl