—Marcus, no preguntes más… te lo ruego, vuelve a tu habitación. Estoy bien. Pero ahora mismo no quiero verte. Por favor, vete ya… —dijo Rubí entre lágrimas, con la voz rota.
El llanto y el temblor desgarraron el corazón de Marcus como cuchillas invisibles. Con el pecho apretado, la soltó despacio y se apartó. Apenas se separó, el llanto de Rubí disminuyó y su cuerpo dejó de temblar tanto. Ese detalle lo golpeó con fuerza.
La conclusión era evidente: Rubí le tenía miedo.
¿Pero por qué?
Su regres