Los tacones de Melisa se hundieron sin ruido en la alfombra, pero su voz, suave y satisfecha, llegó desde detrás de Dereck.
—Dereck, la vio. La pintura. Funcionó.
Él detuvo por un instante el movimiento de la taza de té que sostenía, sin mirarla.
—¿Ah, sí? —replicó con calma—. No podemos saber aún si de verdad funcionó. —Hizo una breve pausa, bajando la vista hacia el té—. Rubí tiene una fuerza de voluntad admirable… incluso yo debo reconocer que me impresiona.
Melisa se adelantó hasta quedar f