Valeria se sintió obligada a romper el silencio. Apretó la mano de Alexander debajo de la mesa y susurró.
—Creo que deberíamos irnos. No me siento cómoda aquí.
Alexander apretó su mano de vuelta, con firmeza.
—Nos iremos pronto —le respondió en voz baja.
Luego, se volvió hacia Bruno, quien continuaba comiendo con parsimonia. Valeria intentó seguir comiendo, pero el apetito se le había ido. La sensación de que aquel hombre era perverso, un tipo que no le transmitía nada de confianza ni re