La incomodidad era palpable, una tensión entre ellos tras el beso y la declaración de "error". Para romper el ambiente, a Alexander se le ocurrió una idea.
—Ahora que lo he pensado, ni siquiera tenemos anillos. Se supone que deberíamos hacer creíble esta unión. Vayamos ahora mismo y compremos esos anillos.
—¿A dónde vamos a ir, Alexander? —preguntó Valeria, todavía con la respiración entrecortada y el corazón latiéndole desbocado.
El hombre simplemente tiró de su mano.
—Ya lo vas a ver. Iremos