Valeria se dirigió al armario para vestirse, consciente de que no tenía opción a negarse a la salida. Tenía que encontrar algo adecuado para la ocasión. Justo cuando intentaba ponerse uno de sus pantalones favoritos, la frustración la golpeó. El cierre se negaba a subir más allá de la mitad de su abdomen.
—¡Genial! —masculló.
Lo mismo ocurrió con una de sus blusas; era imposible que se pusiera esa camisa sin sentirse asfixiada. La descartó por completo. Estuvo buscando durante un tiempo en el