Doris se acercó al comedor, encontrando a Valeria inmóvil, mirando la tarjeta solitaria sobre la mesa, distraída en sus pensamientos.
—Señora, ¿ya terminó de comer? —cuestionó Doris, con suavidad.
Valeria levantó la mirada y la vio.
—No, no he terminado. Sin embargo, tampoco tengo apetito.
Doris hizo una mueca de preocupación. Se acercó cariñosamente y colocó una mano sobre su hombro, buscando animarla.
—Creo que debería hacer un esfuerzo por tomar el desayuno, señora. Es el alimento más import