—Papá, no creo que...
—No te preocupes, hija—se apresuró en decirle, retomando la conversación mientras desayunaban—. También es un asunto que puedes pensar. Lo que sí es seguro es que debes recuperar tu nombre y tu apellido. Te pertenecen.
Valeria reflexionó sobre ello. Tenía razón; su nombre y apellido de nacimiento, Isabella Beaumont, le pertenecían por derecho, aunque se sintiera ajena a ellos.
—Está bien, Mamá, Papá. Muy bien. Lo voy a pensar estos días.
Ellos asintieron con la cabeza. El