NOAH THORNE
Nos dirigimos hacia la habitación, en medio de miradas curiosas y, claro, también llenas de desprecio. Maxine se sentía humillada y Odette no paraba de llorar con los puños apretados. No podía creer que su interés en mí fuera tan enfermizo, aunque en realidad creía que era más por el poder y el dinero que estaban perdiendo al mismo tiempo que perdían mi interés.
—Date un baño caliente para no resfriarte —dije una vez que cerré la puerta detrás de nosotros. Cuando volteé hacia ella,