NOAH THORNE
La curiosidad pudo más que mi prudencia. Me acerqué y acerqué mis dedos a cada cicatriz retorcida que cubría su piel. Algunas eran largas y profundas, otras circulares, como si alguien hubiera usado su vientre como un cenicero.
Antes de que la blusa descubriera sus pechos, tomé el borde y la bajé, como lo haría un caballero, uno que claramente yo nunca era.
—Gracias… —susurró en cuanto su cabeza quedó descubierta. Se subió de nuevo a la cama de exploración, respiró profundamente a