TANYA RHODES
—¡Cariño! ¿Cómo estás? —preguntó Paulina en cuanto contesté la llamada, mientras yo buscaba un lugar donde esconderme, de pronto la casa era más grande y el aire más denso—. Me preocupé mucho. Después de nuestra plática en el parque ya no supe nada de ti. Supe lo de la muerte de tu madre. ¿Estás bien?
Me quedé plantada frente al despacho de Viggo, con el corazón latiéndome en la garganta.
—Yo… lo estoy… —susurré antes de tragar saliva con dificultad, dejando que el silencio en la l