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Capítulo 16 : No Vas A Contarle

Abro los ojos al sentir una luz cálida sobre mi rostro. Por instinto observo a mi lado, pero está vacío.

Cuando finalmente miro al frente me encuentro con Matteo sentado en una silla leyendo el periódico.

—¿Qué m****a haces en mi habitación?

—Buenos días para ti también hermano —Me siento sobre la cama mirando todo a mi alrededor —. ¿A quien buscas?

"Sophie"

Los recuerdos de la noche llegaron a mi. Su delicado cuerpo, sus curvas, la sonrisa en su rostro y sus gestos al estar debajo y encima mío.

¿A qué hora había abandonado mi habitación?

—¿Lorenzo? —La voz de mi fastidioso hermano me saca de mis pensamientos.

—Todavía no me has dicho que haces en mi habitación.

Me levanto dejándole ver mi desnudez sin ningún tipo de pudor. Tomo mi boxer del suelo colocándomelo y estiro mi cuerpo.

—¿Quién era?

—¿Quién era que?

—La mujer con la que estabas anoche —Sonríe —. Aquí contigo había una mujer.

—No sé de qué hablas.

—Si que lo sabes —Se levanta acercándose —. Juraría que era Sophie.

—Vuelves a decir eso y te mato.

—Ya que no me quieres decir. Iré a contarle a Isabella de mi sospechas.

Se da la vuelta y antes de que pueda dar un paso lo sujeto por el cuello aún de espadas.

—Lo haces y te mato.

—Entonces cuéntame —me golpea soltándose de mi agarre —. Soy tu hermano Lorenzo. No diré nada a nadie.

Suspiro derrotado.

—Fue Sophie.

Matteo permanece en silencio durante unos segundos. Después, una sonrisa lenta aparece en su rostro.

—Lo sabía.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—La de idiota que acaba de descubrir algo.

Suelta una carcajada.

—No he descubierto nada, hermano. Solo acabas de confirmar mis sospechas.

Lo miro con advertencia.

—No vas a contarle a Isabella.

—No voy a contarle nada a nadie. —Hace una pausa —. Pero tengo que admitir que jamás pensé que realmente terminarías haciendo algo al respecto.

—Yo tampoco.

La respuesta sale de mis labios antes de que pueda detenerla. Matteo deja de sonreír.

—Entonces te arrepientes.

Bajo la mirada durante un instante. No sé qué responder.

¿Me arrepiento?

Sophie trabaja para mí. Vive bajo este mismo techo. Está al cuidado de Noah. Cualquier cosa entre nosotros puede terminar convirtiéndose en un problema.

Pero cuando cierro los ojos, lo único que recuerdo es a ella.

Y eso me irrita.

—Fue un error —digo finalmente.

Matteo asiente lentamente.

—Bien.

Camina hacia la puerta.

—Entonces procura que ella no piense lo contrario.

La puerta se cierra detrás de él.

Me quedo inmóvil durante unos segundos.Sus palabras permanecen dando vueltas en mi cabeza.

¿Qué pensará Sophie?

La última vez que la vi, no parecía arrepentida.Pero tampoco parecía saber qué hacer conmigo.

Me paso una mano por el cabello y tomo una respiración profunda antes de dirigirme al baño.

Necesito despejarme.Necesito actuar como si anoche nunca hubiera ocurrido.

Bajo al comedor casi una hora después.La casa está más silenciosa de lo habitual.

Escucho la voz de Noah antes de entrar.

—¡Sophie, mira!

Me detengo al escuchar su nombre.

Por alguna razón, mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza.

Entro al comedor.

Noah está sentado en su silla, desayunando mientras Sophie permanece a su lado ayudándolo con algo.

Ella levanta la mirada.

Nuestros ojos se encuentran.

Y todo lo que intenté convencerme de olvidar durante la última hora desaparece.

Sophie se queda completamente quieta.

Sus labios se separan ligeramente.

Después aparta la mirada.

—Buenos días, señor De Luca.

"Señor De Luca"

—Buenos días —saludo, procurando que mi voz suene completamente normal.

—Buenos días, hijo —responde mi madre con una sonrisa.

Tomo asiento en uno de los lugares vacíos.

Matteo levanta la mirada del café y me observa.

Solo un segundo.

Pero ese maldito segundo basta para que una sonrisa burlona aparezca en su rostro.

Lo ignoro.

—¿Dormiste bien? —pregunta Isabella.

La miro.

—Sí.

—Qué raro —interviene Matteo—. Te ves como si no hubieras dormido demasiado.

Le dirijo una mirada de advertencia.

—Estoy bien.

—Claro que lo estás —responde él tranquilamente antes de beber de su taza.

Isabella lo observa con curiosidad.

—¿Y tú por qué estás tan sonriente esta mañana?

—Por nada.

—Conozco esa cara —dice ella.

Matteo se encoge de hombros.

—Quizás hoy simplemente amanecí de buen humor.

—Eso no es extraño —murmura mi padre sin levantar la mirada de su periódico.

Una pequeña risa se extiende por la mesa.

Todos menos Sophie.

Ella permanece demasiado concentrada en el plato que tiene frente a ella.

Ni siquiera me ha vuelto a mirar.

—Sophie, cariño —dice mi madre—, ¿podrías pasarme el pan, por favor?

—Claro, señora Bianca.

Sophie toma la cesta y se la acerca.

—Gracias.

—De nada.

La observo de reojo.

Su actitud es completamente diferente a la de anoche.Como si entre nosotros no hubiera ocurrido absolutamente nada.

Y debería agradecerlo.Eso es precisamente lo que necesitamos.

Entonces, ¿por qué me incomoda tanto?

—Lorenzo.

La voz de Isabella consigue devolverme a la conversación.

—¿Sí?

—¿Vas a acompañarnos esta tarde al recorrido a nuestras empresas?

—No lo sé aún.

Mi madre le pregunta algo y trato de sacar de mi cabeza a Sophie, pero entonces ella se levanta.

—Voy a buscar más café.

Pasa detrás de mi silla.

Su perfume llega hasta mí.Mi cuerpo se tensa inmediatamente.

No la miro. Porque sé que si lo hago, voy a recordar exactamente dónde estaba esa misma fragancia anoche.

Sophie llega a la cafetera y comienza a servirse. Matteo, sentado frente a mí, ha visto mi reacción.

Cuando levanto la mirada, me encuentro con su expresión.

Una ceja alzada, una sonrisa apenas contenida.

Le advierto con los ojos que no se atreva. Él solo bebe de su café.

Entonces Isabella vuelve a hablar.

—Sophie, ¿tienes planes para hoy?

—No muchos. Estaré con Noah.

—Perfecto. Quizás en la noche podamos salir un rato.

—Claro.

Escucho la conversación, pero apenas proceso las palabras.Porque Sophie acaba de regresar a la mesa.

Y esta vez, cuando pasa junto a mí, nuestras miradas se encuentran.

Solo un instante.

Pero en sus ojos puedo ver la misma confusión que llevo intentando ignorar desde que desperté.

Poco a poco todos van terminando y levantándose de la mesa marchándose hasta solo quedar, Noah, ella y yo.

Noah continúa hablando, completamente ajeno a la tensión que existe entre nosotros.

Intento concentrarme en el desayuno, pero cada movimiento de Sophie consigue distraerme.

La forma en que acomoda su cabello detrás de su oreja.La manera en que evita mirarme.

La tensión en sus hombros.

Está incómoda. Y aunque no debería importarme, me molesta.

—Sophie.

Ella levanta la mirada.

—¿Sí?

—Necesito hablar contigo.

Sus ojos se abren ligeramente.

—Ahora mismo estoy con Noah.

—Cuando termines.

—Está bien.

Noah nos observa a ambos.

—¿Por qué quieren hablar?

—Cosas de adultos —respondo.

—¿Es algo malo?

—No.—Mi mirada vuelve a Sophie —.No es nada malo.

En el salón aparece Elisa y le pido se encargue de Noah mientras voy al despacho con Sophie.

Me levanto y veo en sus ojos la derrota al levantarse y seguirle el paso hasta mi despacho...

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