Capítulo 17 : Huyendo

No recuerdo exactamente en qué momento decidí marcharme.

Solo recuerdo haber abierto los ojos en mitad de la noche y encontrarme completamente despierta.

Lorenzo dormía a mi lado.

Durante unos segundos permanecí inmóvil, observándolo.

Su respiración era tranquila, completamente ajena al caos que ocurría dentro de mi cabeza.

No debía estar allí.

No debía haber cruzado aquella línea.

Y mucho menos con él.

Con el hombre para el que trabajaba.

Con el padre del niño al que cuidaba.

Con Lorenzo De Luca.

Me incorporé lentamente, procurando no despertarlo. Tomé mi ropa del suelo y me vestí en silencio.

Cada movimiento parecía hacer demasiado ruido.

Cuando finalmente estuve lista, miré una última vez hacia la cama.

Lorenzo seguía dormido.

Y fue precisamente así como quise dejarlo.

Antes de que despertara.

Antes de que pudiera mirarme y preguntarme qué significaba lo que había ocurrido.

Antes de tener que responder algo que ni siquiera yo sabía.

Salí de su habitación con el corazón latiéndome con tanta fuerza que pensé que podría escucharse por todo el pasillo.

No volví a mi habitación de inmediato.

Me quedé unos minutos apoyada contra la pared, intentando recuperar el aire.

¿Qué había hecho?

No tenía una respuesta.

Solo sabía que, por primera vez desde que llegué a aquella casa, sentía miedo.

No de Lorenzo.

Sino de lo que él podía provocar en mí.

El desayuno fue una tortura.

Desde que entré al comedor intenté actuar con normalidad.

Sonreír.

Responder cuando me hablaban.

Ayudar a Noah.

Hacer exactamente lo que hacía cada mañana.

Pero entonces Lorenzo entró.

Y todo aquello se volvió mucho más difícil.

Cuando nuestras miradas se encontraron, sentí como si la noche anterior hubiera ocurrido hacía apenas unos minutos.

Aparté la mirada inmediatamente.

No podía permitir que nadie notara nada.

Mucho menos Matteo e Isabella.

Aunque, por la expresión de Matteo, tuve la sensación de que él sabía mucho más de lo que decía.

Durante todo el desayuno evité mirar a Lorenzo.

Y cada vez que él dirigía su atención hacia mí, fingía estar ocupada con Noah, con mi café o con cualquier cosa que pudiera servirme de excusa.

Pero entonces llegó el momento que llevaba intentando evitar.

—Sophie.

Levanté la mirada.

—¿Sí?

—Necesito hablar contigo.

Mi corazón se detuvo por un instante.

Sabía que este momento llegaría.

—Ahora mismo estoy con Noah.

—Cuando termines.

Asentí.

Y minutos después, cuando Elisa llegó para hacerse cargo de Noah, ya no tuve ninguna excusa.

Seguí a Lorenzo por el pasillo.

Cada paso hacia su despacho hacía que mi estómago se encogiera un poco más.

Cuando entramos, él cerró la puerta detrás de nosotros.

El sonido del pestillo hizo que toda la tensión que había estado conteniendo durante la mañana se instalara nuevamente sobre mis hombros.

Me quedé de pie.

Lorenzo caminó hasta su escritorio.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

—Siéntate.

Obedecí.

Él permaneció de pie frente a mí.

—¿Por qué te fuiste anoche?

La pregunta me tomó desprevenida.

Bajé la mirada.

—Porque era tarde.

—No te estoy preguntando qué hora era.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

—Sé que te fuiste antes de que despertara.

Mis dedos comenzaron a entrelazarse sobre mi regazo.

—No quería despertarte.

—¿Por qué?

Levanté la mirada.

—Porque no sabía qué decirte.

Por primera vez, Lorenzo pareció no tener una respuesta inmediata.

Se apoyó contra el borde del escritorio.

—Yo tampoco.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros.

—Sophie...

Mi nombre en sus labios hizo que mi pecho se apretara.

—Lo de anoche...

Cerré los ojos durante un segundo.

No quería escuchar esas palabras.

Porque sabía que después de ellas podía venir cualquier cosa.

—Fue un error —dije antes de que pudiera terminar.

Lorenzo guardó silencio.

—No tenemos que hablar de ello.

—¿Eso es lo que quieres?

La pregunta me hizo levantar la mirada.

—Sí.

Mentí.

Y ambos lo supimos.

Él se acercó lentamente.

—Entonces mírame y dímelo otra vez.

Lo hice.

Pero no pude sostenerle la mirada más de unos segundos.

—Quiero olvidarlo.

—No me parece que quieras olvidarlo.

Mi respiración se volvió más lenta.

—¿Y qué quieres que haga?

—Quiero saber qué estás pensando.

—No lo sé.

—Entonces dime qué estás sintiendo.

Aparté la mirada.

—Tampoco lo sé.

Lorenzo dio otro paso hacia mí.

—Sophie.

—No.

Me puse de pie.

—No hagas esto más difícil.

—¿Más difícil?

—Sí.

Tragué saliva.

—Porque no sé qué significa lo que pasó. No sé qué esperas de mí y tampoco sé qué debería esperar yo de ti.

Sus ojos permanecieron sobre los míos.

—No espero nada de ti.

Sentí un vacío extraño en el pecho.

Aunque aquella era exactamente la respuesta que debería tranquilizarme.

No lo hizo.

—Bien.

Me dispuse a marcharme.

—Sophie.

Me detuve frente a la puerta.

—¿Qué?

Lorenzo tardó unos segundos en hablar.

—No quiero que me tengas miedo.

Fruncí ligeramente el ceño.

—No te tengo miedo.

—Entonces deja de mirarme como si anoche hubiera sido algo de lo que tienes que escapar.

Mis labios se entreabrieron.

No encontré palabras.

Porque quizá tenía razón.

No estaba huyendo de él.

Estaba huyendo de mí misma.

De lo que había sentido.

De lo que todavía sentía.

—Necesito tiempo —susurré.

Lorenzo asintió lentamente.

—Tómate el tiempo que necesites.

Abrí la puerta.

—Y Sophie...

Volví a mirarlo.

—No voy a fingir que anoche no ocurrió.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—¿Y qué se supone que debo hacer con eso?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Lo mismo que yo.

—¿Y qué estás haciendo tú?

Sus ojos recorrieron mi rostro.

—Intentando descubrir qué significa.

Y esas palabras fueron suficientes para dejarme completamente confundida.

Salí del despacho y cerré la puerta detrás de mí.

Apoyé la espalda contra ella y cerré los ojos.

Había entrado a ese despacho pensando que necesitaba una respuesta.

Y salía con algo mucho peor.

Una pregunta.

Porque ahora ya no me preguntaba si debía olvidar lo ocurrido.

Me preguntaba qué pasaría si ninguno de los dos quería hacerlo.

—Sophie.

Mi cuerpo dio un brinco ante la voz de la señora Bianca. Al mirar al frente observó una pequeña expresión divertida en su rostro.

—¿Te asusté?

—Perdón. Estaba algo distraída.

—Querida, ¿puedes acompañarme a mi despacho?

Al parecer cada miembro de esta familia tenía su propio despacho en esta casa.

Caminamos hasta el final del pasillo. Al entrar su despacho era cálido, lleno de muchos libros y decoraciones junto a fotografías de su familia.

—Sophie, este fin de semana tenemos un gran evento de beneficencia y cada miembro de esta familia tiene que asistir.

—¿Gusta que le ayude en algo?

—No querida. Quería decirte que asistirás a este evento con la familia.

—¿Yo?

—Si querida. Noah asistirá y quiere que vayas con él, es lo que ha pedido a cambio de asistir.

No sabía que responder al respecto. Que Noah me pidiera que fuera era algo que no me esperaba.

—Es importante para nosotros que asistas ya que Noah nunca nos ha querido acompañar. Esta vez se ha interesado en ir si tú vas con él como su acompañante.

—No se que decirle señora.

—No tienes que decirme nada. Mañana irás a prueba de vestidos y maquillaje junto a Isabella.

—No creo que...

—Lo es. —Me interrumpe —. Al ser un evento donde van muchas personas importantes y vas con nosotros tienes que estar a la altura y nosotros nos encargaremos de ello.

Negarme sería absurdo porque no tendría manera de safarme de esto. Suspiro asintiendo y dándole una sonrisa de boca cerrada.

—De acuerdo señora Bianca.

—Gracias Sophie.

Me extiende su mano y se la tomó sonriendo. Me excuso y salgo de allí todavía abrumada.

¿Qué haré en un evento de gente de alcurnia?

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