Capítulo 44 Señora Celis
Ese pensamiento golpeó sus sienes con mucha fuerza. No se necesitaba más pruebas; la forma en que los dedos de Talina se cerraban sobre el brazo de Leónidas, con una posesividad que rayaba en lo obsceno delante de los niños, lo decía todo.
Ariana pensó que por lo visto habían estado juntos hace poco. Las insinuaciones sobre el encuentro de ayer no dejaban dudas: estaban hablando de sexo.
Aquella mujer de rojo representaba todo lo que Ariana no era: belleza, lujo, seguridad y compartía cama con Leónidas.
La insinuación sobre el "descanso" después de su encuentro de ayer fue la certeza final.
Antes de que Leónidas pudiera articular palabra, Talina se acercó más, rozando su hombro con una confianza posesiva.
—Te ves tenso, cariño —ronroneó ella—. ¿Acaso nuestro encuentro no te relajo lo suficiente…?
Sofía y Elías se encogieron, mirando con recelo como esa mujer desconocida se apropiaba de su tío. Los niños, con su instinto infantil, sintieron la falsedad en su so