Mía estaba segura de que había visto la luz cuando el estudiante la ayudó a salir del agujero donde estaba metida. El chico ahogó un jadeo, impactado por el estado en el que se encontraba. Como pudo la arrastró por el suelo y la recostó con cuidado.
—¡Por Dios! ¿Estás bien? ¿Qué te sucedió? —preguntó sin poder dar crédito a lo que veía. Mía lo vio a los ojos y pensó que seguramente el chico creería que todo eso se trataba de una alucinación.
Pronto se dio cuenta de que en ese lugar no había nad