—Pues no me importa, no voy a permitir que me sometas más, no te voy a dar el gusto —siseo conteniendo las lágrimas.
Pablo se echó a reír, como si aquella amenaza fuese las que te hace un pequeño niño acorralado y asustado.
—No me digas, está bien, si ese es el juego que quieres jugar… ¿qué te parece si llamamos a Cassandra? ¡Oh no! ¡Ya sé! Al maric4 de Ambrose. Realmente me encantaría verle las entrañas, quiero saber si también son de arcoíris.
—¡No te atrevas a hacerle daño a mis amigos! —gri