La comida fue servida con una elegancia impecable, pero el sabor de los platillos parecía quedar en segundo plano ante la naturalidad con la que Mateo tejía el futuro. Para él, hablar de la unión entre los Villalba y los Rivera no era una carga, sino un proyecto compartido que abordaba con una calma casi seductora.
—Mis padres pensaban que podríamos hacer la fiesta de compromiso en la casa de campo de los Villalba —comentó Mateo, cortando con delicadeza su corte de carne.
Victoria levantó l