Las siete en punto. La precisión de Daniel Meléndez parecía haber infectado incluso el aire del departamento. Victoria terminó de ajustar el último mechón de su cabello, el cual caía con una elegancia natural sobre los hombros, justo cuando el teléfono vibró sobre el tocador.
"Estoy abajo". Corto, directo, casi como un ultimátum.
Ella se miró en el espejo una última vez. El vestido que Estefany había elegido era una obra maestra de la contradicción: la seda oscura la envolvía con una sobrie