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El aire en el jardín era distinto al del comedor; aquí no había paredes de madera oscura que absorbieran las palabras, pero la atmósfera se sentía igual de pesada. La brisa nocturna de la ciudad era más fría y abierta, agitando el vestido de Victoria mientras caminaba entre los setos perfectamente podados.

Mónica se adelantó unos pasos, señalando algún detalle trivial de la iluminación, dejando que el espacio entre Daniel y Victoria se redujera. Él caminó a su lado, con las manos en los bolsi
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