La atmósfera en el comedor se volvió gélida en el instante en que Adele Meléndez tomó su lugar a la cabecera. La matriarca no necesitaba alzar la voz para dominar el espacio; su sola presencia parecía absorber la luz de las velas. Sus ojos, afilados por décadas de mando, se clavaron en Victoria con la precisión de un bisturí.
—Así que tú eres la hija de Lily —pronunció Adele, dejando que el nombre de la madre de Victoria flotara como un fantasma sobre la mesa—. Curioso cómo la vida devuelve c