Victoria despertó a las seis de la mañana con el cuerpo pesado y la mente alerta. No había logrado dormir más que un par de horas; la nota del sobre seguía quemando en su memoria, alimentando una paranoia que se sentía como una sombra pegada a sus talones. Salió de su departamento sintiendo ojos en cada esquina, una vigilancia invisible que la acompañó hasta los muros de cristal de Obsidian.
Una vez allí, se refugió en el trabajo. Envió la corrección del apartado tres a Daniel y, al no recibi