La mañana del miércoles se presentó con un cielo plomizo sobre la ciudad, reflejando el estado de ánimo de Victoria. Despertó antes de que sonara la alarma, con la mente ya funcionando a toda marcha sobre las cláusulas de Kensington Capital. Se alistó con rapidez, optando por un traje sastre que gritaba profesionalismo, y salió de su departamento con un café humeante en la mano, su único aliado contra el cansancio de las noches en vela.
Mientras cruzaba el umbral de Obsidian, una pregunta rec