La mañana siguiente llegó con la frialdad metálica de un departamento que aún se sentía ajeno. Victoria despertó en la habitación de invitados, rodeada de un lujo que no lograba calentar el ambiente. Al salir, el silencio la recibió de nuevo: Daniel se había marchado temprano, dejando solo el eco de su presencia. Mientras el aroma del café llenaba la cocina, la pantalla de su celular se iluminó con un mensaje escueto, directo, muy al estilo de él: "Pasa por mi oficina cuando puedas".
Victoria