Victoria entró al restaurante sintiendo cómo el murmullo del lugar y el aroma a café recién hecho la envolvían, ofreciéndole una falsa sensación de normalidad. Mateo, impecable como siempre, se puso de pie en cuanto la vio, dedicándole una mirada cargada de una ternura que a ella le costaba procesar. Se sentaron y, tras ordenar, el silencio fue breve.
—Vicky, sobre el beso... —comenzó Mateo, buscando su mirada con una intensidad que delataba cuánto había pensado en ello.
—Mateo, disculpa po