Victoria regresó a la mansión con una extraña sensación de inquietud. Mateo había insistido en llevarla, desplegando su habitual caballerosidad, pero ella se negó con firmeza; necesitaba esos minutos de soledad en el trayecto para reordenar sus pensamientos.
Al entrar, subió directamente a su habitación. Lo primero que hizo fue revisar su celular, esperando encontrar alguna reacción de Daniel tras el encuentro en el restaurante. Pero la pantalla estaba limpia: ni un mensaje, ni una llamada pe