El trayecto hasta la prisión de máxima seguridad transcurrió en un silencio sepulcral, espeso e inquebrantable. Victoria permaneció con la mirada fija en el cristal, contemplando la noche durante todo el camino. Daniel tampoco habló. Ni una sola vez. Las luces de la ciudad fueron desapareciendo de forma paulatina hasta dar paso a carreteras rurales mucho más oscuras, flanqueadas por terrenos desolados y edificios aislados que se recortaban contra la penumbra.
Cuando finalmente llegaron al des