Julián despertó mucho antes del amanecer. Como siempre. La costumbre de mantenerse alerta era sumamente difícil de romper después de haber dedicado tantos años de su vida a la protección de la familia. Revisó la pantalla de su teléfono móvil con un movimiento mecánico mientras caminaba con paso felino hacia la cocina de la mansión. Nada. No había mensajes nuevos, ni llamadas perdidas, ni actualizaciones de los sistemas de monitoreo de la firma.
Frunció ligeramente el ceño, deteniéndose a mita