Victoria bajó las escaleras con paso firme, dejando atrás el calor de la habitación. Al llegar a la cocina, se tomó un momento para reconocer el terreno; era un espacio profesional pero acogedor. Comenzó a buscar en la despensa y el refrigerador qué podía preparar. Como aún era temprano, decidió ir por algo clásico pero con un toque personal: pan francés con compota casera. El aroma del pan tostándose y el dulce de las frutas empezó a llenar el aire, suavizando la frialdad de la casa.
Daniel