La lluvia caía con más fuerza sobre la mansión Meléndez, golpeando los cristales y el pavimento con un rugido ensordecedor, cuando las pesadas puertas del despacho finalmente volvieron a abrirse.
Julián salió primero, manteniendo su habitual postura rígida y formal. Detrás de él apareció Lex, con el rostro tenso, la mandíbula apretada y una seriedad absoluta que borraba cualquier rastro de su antigua ligereza. Y atrapado entre ambos, avanzando con paso forzado pero firme, caminaba Gael. Las es