[SOFÍA]
Mis padres y yo continuamos desayunando en la gran mesa de la villa, el aroma del café recién hecho mezclándose con el de las tostadas y los croissants. La brisa suave roza nuestros rostros, y el murmullo lejano de la ciudad agrega una calma extraña a la mañana. Hablamos de mil cosas: recuerdos de mi infancia, anécdotas de viajes, planes futuros… y por un instante siento que la vida es simple y perfecta.
De pronto, Francesco llega seguido por sus padres, y su sonrisa ilumina mi rostro y