95. No Esperar Más
[SOFÍA]
No hay nada más silencioso que la felicidad cuando es real. Esa que no necesita palabras, ni testigos, ni ruido. Esa que se siente como una calma cálida en el pecho, una certeza suave de que todo —absolutamente todo— valió la pena.
Todavía tengo los ojos húmedos y las mejillas encendidas por todo lo que pasó hace apenas un momento. La cena, las luces doradas del restaurante, el murmullo lejano del mar y la voz temblorosa de Francesco cuando se arrodilló frente a mí con el anillo en las