10. LO DIJO EL SILENCIO
[SOFÍA]
El aire afuera es más fresco, pero no lo suficiente como para calmar el incendio que me recorre el cuerpo. Caminamos rápido, casi huyendo, aunque no sé si de los demás... o de lo que acabamos de hacer.
Francesco no dice una palabra. Lo veo de reojo, con la mandíbula apretada y la mirada fija hacia adelante, como si la noche pudiera tragarse la culpa que le arde en los ojos. O el deseo que aún no se apaga del todo.
Me abrazo a mí misma, como si pudiera contener los latidos desordenados d