Volvemos a casa. El celular de Nikolaus no deja de sonar y su cuerpo se tensa cada vez que lo hace. Quiero hablar, decir algo, cualquier cosa… pero por algún motivo, no encuentro palabras. No puedo.
—¿Cuándo viajaremos? —pregunto con cierta ansiedad en la voz.
—Si lo deseas, mañana mismo —responde con calma—. He estado ausente estos días porque me aseguraba de que todo siguiera marchando bien cuando estemos fuera del país. —Hace una pausa—. Keleer traerá los documentos de la empresa de tu abuelo