Mamá se acerca justo en el momento en que mi hermano sujeta a Adán por el cuello.
—¡¿Qué le hiciste a mi hermana?! —grita, colérico... o tal vez solo aparenta estarlo. No lo golpea, aunque dejo de mirarlos cuando mamá toma mis manos entre las suyas.
—Eva, cariño... ¿por qué no nos dijiste que estabas embarazada? —sus ojos se llenan de lágrimas que parecen sinceras, pero ya no me importa. Ellos, todos, han hecho de mi corazón una piedra inquebrantable.
Me suelto de su agarre con suavidad, pero co