La noche transcurre en calma, aunque mi corazón no encuentra descanso. Adán no pide más explicaciones, y, aunque sé que no es correcto mentirle de esta manera, estoy convencida de que jamás habría sido feliz sabiendo que llevo en mi vientre un hijo suyo. Tampoco mi bebé lo sería, creciendo con la certeza dolorosa de ser siempre el último en la lista de prioridades de su padre.
—¿Cómo te sientes? —pregunta Nikolaus apenas abro los ojos al despertar. No se ha apartado de mi lado en toda la noche,