Lorenzo
—No me mires así, Lorenzo —dice Liliana de golpe en cuanto los pasos de la señora Rosa y de María se pierden hacia la cocina —. Siento que con tu sola mirada me juzgas Y eso sabes que me molesta.
Se cruza de brazos y me clava una mirada que echa chispas. No hay frialdad en sus ojos; lo que hay es un genio contenido a punto de estallar, una mezcla de rabia acumulada, adrenalina y algo mucho más caliente que no disimula.
—¿Cómo te estoy mirando? —pregunto en voz baja, dando dos pasos h