Lorenzo
Recuesto la cabeza en el espaldar del asiento trasero del auto que me está llevando en este momento hasta la casa. Mi hogar, ese que hoy particularmente debe estar invadido por un nido de ratas callejeras llamadas reporteros y que son un mal necesario tal como diría mi madre.
No entiendo por qué son necesarios.
O, quizás sí que lo entiendo, pero no deseo aceptarlo. Por lo menos, no cuando necesito pensar en lo que estoy a punto de hacer. Debo llegar y fingir que tengo un matrimonio perf