Lorenzo
Me froto las sienes con dos dedos, obligándome a expulsar los pensamientos sobre Liliana y la culpa que me carcome por dentro. Parpadeo con fuerza para disipar la neblina mental y me enfoco en la pantalla que Gregorio acaba de encender frente a mí, aunque ni por asomo estoy enfocado en nada.
—El mercado es implacable, Lorenzo —arranca Gregorio con tono grave, deslizando un informe impreso por la mesa—. Tras las imágenes de la emboscada en México y los rumores sobre el juicio de custodia