Liliana
—¡Que haga mí! —me quedo callada por un momento. Cierro la [puerta del despacho —. Mi trabajo es hacer que la niña se sienta bien y por lo menos baje el nivel de estrés que tiene, el tuyo es quererla, pero como ya he visto que para ti el amor no existe…
—No vayas por ahí Liliana —habla como si fuse a golpear algo —. Yo no soy un crío para que practiques tus dotes de psicología barata conmigo. Ya crecí y esto es lo que hay. Que se acostumbre la mocosa y espero que tú también —¡Ay! Quie